miércoles, 11 de marzo de 2015

- Carcelera de la luz.


Tempestades, calmad las profundidades del espíritu.
Que estayen en el adentro las suaves brisas que el poniente regala.
Olas que bramáis en lo insospechado, ¡rugid en los acantilados de mi mente!
Tormenta de un Dios que juega a ser esclavo de su propio tiempo.
Destellos inútiles de impaciencia; ceguera dorada ante el velo de lo eterno.

Llevadme hasta donde habite vuestra aurora. Quiero perecer en la luz, porque ...

Clama al cielo el olvido, y su ceguera,
Sospechando el latir que, ya apagado,
Toma aliento en el pulso acomodado
Del suspiro, ¡desdén en su condena!

Tierra firme, mas tierra al fin y al cabo;
Moraleja incapaz, dulce ribera,
Pincelada fugaz, y eterna espera,
Jugando a ser reflejo de lo amargo.

Alcanzado el abismo en su horizonte
Traspasa sin alcance mis cadenas;
Consuelo y aflicción de todo hombre.

Carcelera tenaz de esta quimera,
Dispuesto estuve a dar cualquier importe
Si retienes mi luz cuando yo muera.


No hay comentarios:

Publicar un comentario