lunes, 4 de abril de 2016

Por vez primera.

Este romance de amor
no tiene labios sellados,
ni sentimientos prestados
que resten o den valor.
No tiene menos honor 
que las voces que han escrito
evocando viejos gritos
del fruto de tu cosecha,
pues bien sé que no desechas 
las mieles que te permito. 
Si la luz en lo lejano
refleja viejas hazañas,
del suelo a las espadañas,
de la tarde a lo temprano,
será que tras lo mundano
se despunta una Mañana
de cinco auroras tempranas 
jugando como chiquillas,
besándole las mejillas 
de rosas y porcelanas. 
Será que de gracia llena 
su morada terrenal
y hace hablar hasta al cristal 
que la escolta en sus almenas
y da voz al acertijo:
Reinando en tal recogijo...
¿Por qué lloras, Macarena? 
Si te cubrieron de ayeres
envueltos en filigranas,
si el Sol de largas mañanas 
te fabricó en sus talleres
dorados de amaneceres
que ceñir a tu corona;
si todo el que te menciona
acaba en tu amor recluso
por ser sentencia en los pulsos 
que al corazón no perdona...
¿Por qué lloras, Macarena? 
Si te noto la sonrisa,
tan alta como repisa 
que sostiene la condena
y da sombra a toda pena 
en el costado clavada;
si no fuiste traspasada 
por puñal de plata fría,
y no se conoce el día
en que seas derrotada...

¿Por qué lloras, Macarena?

Como romántica escena,
tiene Sevilla escenario 
sin preciso calendario 
que dé función a la trama.
Sin guión, se desparrama 
el hilo de aquella historia
retenida en la memoria
de los que sienten, y callan:
Armaduras que batallan
en blancos revoloteos,
centenarios aleteos
al batir de las sandalias
y sin más parafernalias 
que el lucir de su presencia,
Dios sella la consecuencia 
y el fin de aquella condena:
Cumplir en la Macarena 
la Gloria de su Sentencia. 

jueves, 12 de marzo de 2015

- ¿Cuánto amor cabe en Ti?



¿Cuánto amor cabe en un beso?
Un instante en una vida,
y una vida apetecida
en tan diminuto exceso
retenido en el regreso
de la luz, y su memoria,
buscando la escapatoria
del candil, que son mis labios,
al devorar los agravios
en las llamas de tu historia.

¿Cuánto amor cabe en tus manos?
Las veletas que dirigen
mis desvelos, y que rigen
en los vientos no livianos.
El timón en lo lejano
que siempre encalla en buen puerto,
pues son el ancla en lo cierto
al desbordar tus locuras,
por ser primera aventura
del sueño de los despiertos.

¿Cuanto amor guardan tus ojos?
Dos lunas de porcelana
con brillos de la mañana
que despierta en tus antojos,
dejando atrás los despojos
que tu llanto desvanece;
ya sólo en mí permanece
la mirada hecha quebranto,
que me quita y me da tanto
cada vez que le apetece

Si tu amor todo derrama,
y en ti cabe tanto amor,
no encuentro dicha mayor
que devolverte la fama
y ser grito que proclama
la verdad siempre sabida:
Por todos sois pretendida,
más mi amor dejaste preso
con grilletes de los besos
que mañana dan partida ...
 ¡Por tu amor, el universo,
y por Ti, Madre, la vida!

miércoles, 11 de marzo de 2015

- Dios es Amor.



Señor; ¿Estás vivo, o te mueres
en la noche tan lejana
que da inicio a la Semana
en que todo se cumpliere?
Amor, que de amarte hieres
la razón con que soñamos;
¿Somos nosotros los amos
y los dueños de este amor,
o sólo somos rumor
de los vientos que buscamos?
Muéstranos, Padre, tus manos
para sentirnos dispuestos,
soñando, pero despiertos
en tus panes cotidianos.
Si por sentirnos hermanos
somos pueblo que levanta
las escaleras más altas
por bajarte del madero,
Señor, ya sé lo que quiero:
¡Tu Amor, en Semana Santa!

- La forja de Dios.




- ¡De Triana, y de la Cava!-
grita el Barrio y sus cimientos,
sentenciando a barlovento
la pleamar que nunca acaba:
Cuando el Padre navegaba
por caudales de bonanza,
sembró bienaventuranzas
y Pureza en este suelo,
forjando de arcilla un Cielo
donde habita la Esperanza.

- Perderme en Ti.


Me atreví. Cursé mi atrevimiento en la universidad del empeño y alcancé (como se alcanzan las grandes cosas) el aura de tu cercanía. De insensato fue negarte, muestra de incomprensión y alarde fue perderme en el camino, en mi particular Vía Dolorosa, senda oscura e irascible que jamás guardó mi esencia.
Sabes, y ves, que el destino me aprieta. Como red me sobresalta y me atrapa en su embeleso; mas siempre debe (y puede) volver a tus manos, pues no se comprende el Alfa sin la Omega, al igual que el Sol no se despide sin antes embadurnarnos de fulgores.

Sabes, amor, que los miedos te esquivan.
Cúbreme; atrápame en tu designio.
Quiero permerme en ti.

Sin querer mirarla, paso.
Sin querer pisar su huella
presiento que la Doncella
adivina mi fracaso.
Si su presencia hizo mella,
como el imán permanente
que atrae al que está en desvelo;
será que Dios no nos miente:
Y mirarla frente a frente ...
Es como estar en el Cielo.

- Reflejos.


Le dice el Sol a la tarde:
Refúgiame en tu sostento,
Pues en mi pulso presiento
La perfección de su alarde;
Y si marcho, ¡Dios me guarde
De haber rozado su altura!
Pues no habrá llave más pura
Con la que abrir este cielo
Que cubra de azul el suelo
Cuando pase la Amargura.