Le dice el Sol a la tarde:
Refúgiame en tu sostento,
Pues en mi pulso presiento
La perfección de su alarde;
Y si marcho, ¡Dios me guarde
De haber rozado su altura!
Pues no habrá llave más pura
Con la que abrir este cielo
Que cubra de azul el suelo
Cuando pase la Amargura.

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