Me atreví. Cursé mi atrevimiento en la universidad del empeño y alcancé (como se alcanzan las grandes cosas) el aura de tu cercanía. De insensato fue negarte, muestra de incomprensión y alarde fue perderme en el camino, en mi particular Vía Dolorosa, senda oscura e irascible que jamás guardó mi esencia.
Sabes, y ves, que el destino me aprieta. Como red me sobresalta y me
atrapa en su embeleso; mas siempre debe (y puede) volver a tus manos,
pues no se comprende el Alfa sin la Omega, al igual que el Sol no se
despide sin antes embadurnarnos de fulgores.
Sabes, amor, que los miedos te esquivan.
Cúbreme; atrápame en tu designio.
Quiero permerme en ti.
Sin querer mirarla, paso.
Sin querer pisar su huella
presiento que la Doncella
adivina mi fracaso.
Si su presencia hizo mella,
como el imán permanente
que atrae al que está en desvelo;
será que Dios no nos miente:
Y mirarla frente a frente ...
Es como estar en el Cielo.

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